lunes, 29 de octubre de 2012

quien tropieza


Quien tropieza
en el vacío
quien se agrieta
y dice:  yo
echa hojas
florece.
Así  luchamos.




miércoles, 24 de octubre de 2012

Alfonsina y el mar



Por la blanda arena que lame el mar
su pequeña huella no vuelve más,
un sendero solo de pena y silencio llegó
hasta el agua profunda.
Un sendero solo de penas mudas llegó
hasta la espuma.

Sabe Dios qué angustia te acompañó
qué dolores viejos, calló tu voz
para recostarte arrullada en el canto
de las caracolas marinas.
La canción que canta en el fondo oscuro del mar
la caracola.

Te vas Alfonsina con tu soledad,
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
te requiebra el alma y la está llevando
y te vas hacia allá como en sueños,
dormida, Alfonsina, vestida de mar.


Cinco sirenitas te llevarán
por caminos de algas y de coral
y fosforescentes caballos marinos harán
una ronda a tu lado.
Y los habitantes del agua van a jugar
pronto a tu lado.

Bájame la lámpara un poco más,
déjame que duerma nodriza en paz
y si llama él no le digas que estoy
dile que Alfonsina no vuelve.
Y si llama él no le digas nunca que estoy,
di que me he ido.






domingo, 21 de octubre de 2012

Dormiti mi nengre


Dórmiti mi nengre,
dórmiti ningrito.
Caimito y merengue,
merengue y caimito.

Dómiti mi nengre,
mi nengre bonito.
¡Diente de merengue,
bemba de caimito!

Cuando tu sia glandi
vá a sé bosiador...
Nengre de mi vida,
nengre de mi amor...

(Mi chiviricoqui,
chiviricocó...
¡Yo gualda pa ti
taja de melón!)
Si no calla bemba
y no limpia moco
le va′ abrí la puetta
a Visente e′ loco.

Si no calle bemba,
te va′ da e′ gran sutto.
Te va′ a llevá e′ loco
dentre su macuto.
Ne la mata ′e güira
te ñama sijú.
Condío en la puetta"
etá e′ tatajú...
Dórmiti mi nengre,
cara ′e bosiador,
nengre de mi vida,
nengre de mi amor.
Mi chiviricoco,
chiviricoquito.
Caimito y merengue,
merengue y caimito.
A′ora yo te acuetta
′la ′maca e papito
y te mese suave...
Du′ce... depasito...
y mata la pugga
y epanta moquito
pa que droma bien
mi nengre bonito... 

sábado, 13 de octubre de 2012

La higuera


Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cien árboles bellos:
ciruelos redondos, 
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras,
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.

Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos que nunca
de apretados capullos se visten...

Por eso,
cada vez que yo paso a su lado,
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
-Es la higuera el más bello
de los árboles en el huerto.

Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!

Y tal vez a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo, le cuente:
-Hoy a mi me dijeron hermosa.

Juana de Ibarbourou

miércoles, 10 de octubre de 2012

We do not know the time we lose




  We do not know the time we lose
The awful moment is
And takes its fundamental place
Among the certainties —

A firm appearance still inflates
The card — the chance — the friend —
The spectre of solidities
Whose substances are sand —


 ...............

No sabemos el tiempo que perdemos -
El espantoso momento está
Y toma su esencial lugar
Entre las certidumbres; -

Una firme apariencia aún distiende

El naipe, la suerte, el amigo,
El espectro de la estabilidad
Cuya sustancia es arena.










miércoles, 3 de octubre de 2012

La gringuita

¡ Güeno que era relinda la Gringuita,
la hija mayor de mi patrón don Otto!
Hilda de nombre, y por cariño Lita.
¡rubiecita, señor, y más bonita!...
Entuavía recuerdo el alboroto
que producía en la gallá e la hacienda
verla pasar, encabritando el pingo,
una mano en la huasca, otra en la rienda,
chaqueta larga y pantalón de gringo.
Era más de a caballo
que cualquiera e nosotros, y en la vara
ni el más pintao la paraba el gallo.
¡y cuidao con que alguien le faltara!
Una ocasión, por no sé qué diablura,
a un futre santiaguino
se le jué al bulto, y, sin perder el tino,
lo sacó liempiecito e la montura.
Toititos la queríamos ¡Por ésta!
Más de menos la echábamos que el vino
en los días de fiesta.
"¿Vendrá la patroncita"?
pensábamos, mirando p´al camino.
Yo me aniñaba mi sombrero e pita,
otro el núo, el pañuelo en la garganta,
y otro , por no ser menos,
se golpeaba las botas con la manta
o se tantiaba los bolsillos llenos...
A lo mejor llegaba ¡Qué alegría!
En plena carretera
remataba el caballo. Se ponía 
de un salto en pie como una maromera
y dándome las riendas se reía.
Les pasaba la mano a las mujeres
que solían estar en sus quehaceres,
y a nosotros los hombres,
nos saludaba a todos por los nombres:
Juan, Perucho, Mañungo, el ñato Mieres...
Sacando su petaca de labores,
nos convidaba a toos. -Yo no fumo-
le icía yo. -Pues esos son los piores-
me replicaba. s`iba pa una esquina
y con la pierna arriba, echando humo,
estaba pa comérsela la indina...
Sonaba la vihuela
y el acordión. Y al tiro,una tonaa
y otra, de ésas el tiempo de mi abuela,
con más malicia que una limonaa
y con más sal y ají que una cazuela.
Y venía la ronda
de copas en honor de la Gringuita,
que era, para el trago,
como tirá con honda.
(¿Porqué extrañarse? Ella era señorita
y seguía las moas de Santiago)
Después ¡Quién dijo mieo!
Que venga un deca y otro media deca...
Es una gallina el que se l´entra el habla...
Y al compás del puntiao y del rajeo,
sacaba a relucir la zamacueca
sus remolinos de chiquilla diabla.
Y sacarse los guantes
y apretarse la cincha,
y alzarse, guasamacos, los tirantes.
¡porque aquí viene la de pata en quincha!
Y en los rodeos y corriendo vacas
en su yegüita Perla,
ella, sin aspavientos ni alharacas,
de corral en corral o en campo raso,
daba mil gustos verla
portarse mesmamente como un huaso.
¡Si era la número uno
pa colocarle a una vaquilla un lazo
o pillar un toruno!
Pasó el tiempo. Se jué la señorita
a vivir a Santiago.
Jué pa toos la pena parejita..
Jué tan grande la pena
que, por darnos al trago,
casi echamos al diablo la faena.
Como al año supimos
que ella paraba en casa de unos primos
con muchos billes...Y, entre copa y copa,
en el diario leímos
que se había casao y s´iba pa Europa
Y hasta vimos el grupo el casamiento
con su acompañamiento:
ella, de velo y tupición de azahares,
él la mar de contento...
¡Y onde no lo iba a estar, si se llevaba
la flor de estos lugares!
¡La luz pa nosotros rebrillaba
como estrellita e gloria!
(Ejeme hacer memoria.
Como caa uno aprecie lo que tiene
póngame atención, porque aquí viene
lo mejor de la historia)
El marío era el tigre e celoso
y se supo que un día,
hecho un loco furioso
(éjeme desahogarme en un suspiro)
por sí no lo quería o lo quería,
sin darle tiempo a naa, peló el bufoso
¡y la mató de un tiro!
..................................
que por qué estoy aquí. Por poca cosa,
Se hablaba en un chinchel lo sucedido,
y un forastero bocón, tirando prosa,
se permitió decir que misiá Lita
tuvo su merecío,
porque era una......¡Señor! ¡Mi patroncita!
Ey no más llegó. Clavé la espuela.
Lo llamé por su nombre y su mal nombre,
le saqué a relucir la parentela, 
y como quiso hacerse al aniñao,
le desafié a peliar, y de hombre a hombre
le cosí a puñalás por deslenguao
Ni me arranqué ni me escondí. Juí preso
¿pa qué andar con engaños?
me siguieron proceso
y convicto y confeso
me salió veinte años......
soy un reo, un penao.....¿y que hay con eso?





lunes, 1 de octubre de 2012

La casada infiel



Y  yo que  me la llevé al río 
creyendo que era mozuela, 
pero tenía marido. 

Fue la noche de Santiago 
y casi por compromiso. 
Se apagaron los faroles 
y se encendieron los grillos. 
En las últimas esquinas 
toqué sus pechos dormidos, 
y se me abrieron de pronto 
como ramos de jacintos. 
El almidón de su enagua 
me sonaba en el oído, 
como una pieza de seda 
rasgada por diez cuchillos. 
Sin luz de plata en sus copas 
los árboles han crecido, 
y un horizonte de perros 
ladra muy lejos del río. 


Pasadas las zarzamoras, 
los juncos y los espinos, 
bajo su mata de pelo 
hice un hoyo sobre el limo. 
Yo me quité la corbata. 
Ella se quitó el vestido. 
Yo el cinturón con revólver. 
Ella sus cuatro corpiños. 
Ni nardos ni caracolas 
tienen el cutis tan fino, 
ni los cristales con luna 
relumbran con ese brillo. 
Sus muslos se me escapaban 
como peces sorprendidos, 
la mitad llenos de lumbre, 
la mitad llenos de frío. 
Aquella noche corrí 
el mejor de los caminos, 
montado en potra de nácar 
sin bridas y sin estribos. 
No quiero decir, por hombre, 
las cosas que ella me dijo. 
La luz del entendimiento 
me hace ser muy comedido. 
Sucia de besos y arena 
yo me la llevé del río. 
Con el aire se batían 
las espadas de los lirios. 

Me porté como quien soy. 
Como un gitano legítimo. 
Le regalé un costurero 
grande de raso pajizo, 
y no quise enamorarme 
porque teniendo marido 
me dijo que era mozuela 
cuando la llevaba al río.