miércoles, 3 de octubre de 2012

La gringuita

¡ Güeno que era relinda la Gringuita,
la hija mayor de mi patrón don Otto!
Hilda de nombre, y por cariño Lita.
¡rubiecita, señor, y más bonita!...
Entuavía recuerdo el alboroto
que producía en la gallá e la hacienda
verla pasar, encabritando el pingo,
una mano en la huasca, otra en la rienda,
chaqueta larga y pantalón de gringo.
Era más de a caballo
que cualquiera e nosotros, y en la vara
ni el más pintao la paraba el gallo.
¡y cuidao con que alguien le faltara!
Una ocasión, por no sé qué diablura,
a un futre santiaguino
se le jué al bulto, y, sin perder el tino,
lo sacó liempiecito e la montura.
Toititos la queríamos ¡Por ésta!
Más de menos la echábamos que el vino
en los días de fiesta.
"¿Vendrá la patroncita"?
pensábamos, mirando p´al camino.
Yo me aniñaba mi sombrero e pita,
otro el núo, el pañuelo en la garganta,
y otro , por no ser menos,
se golpeaba las botas con la manta
o se tantiaba los bolsillos llenos...
A lo mejor llegaba ¡Qué alegría!
En plena carretera
remataba el caballo. Se ponía 
de un salto en pie como una maromera
y dándome las riendas se reía.
Les pasaba la mano a las mujeres
que solían estar en sus quehaceres,
y a nosotros los hombres,
nos saludaba a todos por los nombres:
Juan, Perucho, Mañungo, el ñato Mieres...
Sacando su petaca de labores,
nos convidaba a toos. -Yo no fumo-
le icía yo. -Pues esos son los piores-
me replicaba. s`iba pa una esquina
y con la pierna arriba, echando humo,
estaba pa comérsela la indina...
Sonaba la vihuela
y el acordión. Y al tiro,una tonaa
y otra, de ésas el tiempo de mi abuela,
con más malicia que una limonaa
y con más sal y ají que una cazuela.
Y venía la ronda
de copas en honor de la Gringuita,
que era, para el trago,
como tirá con honda.
(¿Porqué extrañarse? Ella era señorita
y seguía las moas de Santiago)
Después ¡Quién dijo mieo!
Que venga un deca y otro media deca...
Es una gallina el que se l´entra el habla...
Y al compás del puntiao y del rajeo,
sacaba a relucir la zamacueca
sus remolinos de chiquilla diabla.
Y sacarse los guantes
y apretarse la cincha,
y alzarse, guasamacos, los tirantes.
¡porque aquí viene la de pata en quincha!
Y en los rodeos y corriendo vacas
en su yegüita Perla,
ella, sin aspavientos ni alharacas,
de corral en corral o en campo raso,
daba mil gustos verla
portarse mesmamente como un huaso.
¡Si era la número uno
pa colocarle a una vaquilla un lazo
o pillar un toruno!
Pasó el tiempo. Se jué la señorita
a vivir a Santiago.
Jué pa toos la pena parejita..
Jué tan grande la pena
que, por darnos al trago,
casi echamos al diablo la faena.
Como al año supimos
que ella paraba en casa de unos primos
con muchos billes...Y, entre copa y copa,
en el diario leímos
que se había casao y s´iba pa Europa
Y hasta vimos el grupo el casamiento
con su acompañamiento:
ella, de velo y tupición de azahares,
él la mar de contento...
¡Y onde no lo iba a estar, si se llevaba
la flor de estos lugares!
¡La luz pa nosotros rebrillaba
como estrellita e gloria!
(Ejeme hacer memoria.
Como caa uno aprecie lo que tiene
póngame atención, porque aquí viene
lo mejor de la historia)
El marío era el tigre e celoso
y se supo que un día,
hecho un loco furioso
(éjeme desahogarme en un suspiro)
por sí no lo quería o lo quería,
sin darle tiempo a naa, peló el bufoso
¡y la mató de un tiro!
..................................
que por qué estoy aquí. Por poca cosa,
Se hablaba en un chinchel lo sucedido,
y un forastero bocón, tirando prosa,
se permitió decir que misiá Lita
tuvo su merecío,
porque era una......¡Señor! ¡Mi patroncita!
Ey no más llegó. Clavé la espuela.
Lo llamé por su nombre y su mal nombre,
le saqué a relucir la parentela, 
y como quiso hacerse al aniñao,
le desafié a peliar, y de hombre a hombre
le cosí a puñalás por deslenguao
Ni me arranqué ni me escondí. Juí preso
¿pa qué andar con engaños?
me siguieron proceso
y convicto y confeso
me salió veinte años......
soy un reo, un penao.....¿y que hay con eso?





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