martes, 28 de enero de 2014

La hora del amor


Para la hora del amor tenemos
plumas y cantos de colores.
Cuando el rocío viste
de cristales las espinas
y sólo una mirada basta
para sanar las heridas de tus alas.
Y una sola mirada tuya
me vuelve orquesta la garganta.
La mañana se nos vuelve baile y canto.
Pajarita mía,
chincola de los ojos dorados,
ésta es la única hora
en que volamos.









lunes, 27 de enero de 2014

cuando en mis sueños cantan las aguas del este


Marchito pasto soy haciendo señales
a la lluvia
mas luego siento las primeras gotas
que caen sobre el campo
¡Que me moje esta agua !
me oigo decir, bailando entre las flores
Al despertar me elevaré emocionado
sostenido por el aroma de una lavanda.


domingo, 26 de enero de 2014

Los kaki

Pájaros arrullándose a sí mismos
en el subido rubor de la trompeta
allí, Señor, me convocas
para el ángelus naranjo
con el arcángel dorado
al resplandor de la tierra

trompos dormidos en tu mano
Señor de los áureos girasoles,
soñando
en su girar sin tiempo
el ocaso del árbol
que es mi propio cuerpo,

lágrimas del crepúsculo
que llora de emoción
porque muriendo
a Ti más se acerca;
son
los kaki
prontos ya a resbalar
por el rostro encantado del espacio
que aprisiona
el alma enfrutada de la Tierra,

allí
te estoy orando Señor
aún
cuando caigan a la tierra
mirando estarán el cielo azul
del otoño de Temuco.
Allí,Señor te ruego ahora
y en la hora
de los kakis dorados
hacia fines del ocaso y
comienzo de la aurora.

Poesías religiosas - Yosuke Kuramochi O.


sábado, 25 de enero de 2014

Crónica de fin de invierno

¿Quién pide aplausos
por vivir o
por morir?
Éste,
que recibió las arrugas
y las canas
como los árboles de monte, no
murió: quedó encantado.
Su catafalco va cubierto
de crisantemos y de lirios.
Nadie lo llora en el cortejo
que avanza entre el río
y los sembrados
de papa y remolacha
Silencio de agua, polvo de murmullo.
Del Trumao de los trenes
al Cantiamo de las arvejas enormes;
del Trinidad de las manzanas
a la Barra del río Bueno:
que refloten los antiguos vapores varados
(el “Margarita”, el “Tres Palos”, el “Rahue”)
y que se embarquen todos
los que ya murieron.
Mañana
florecerán los arrayanes,
y los campos serán de las abejas,
y el muerto despertará la primera mariposa
bajo la lluvia de la eternidad.
Ceremonias 1999

lunes, 20 de enero de 2014

Algo tenía que ver la luna


Algo tenía que ver la luna
lamiendo el lomo de los quilantos
algo la luna que en retirada por las pozas
dejaba ver lunas parecidas a otras lunas
algo el viento que por fin mermaba
y se escuchaba el viejo río
como un mar besando palafitos.

Algo tenía que ver aquello
para que entrara por su frente   hasta los huesos
la noche que en Chonchi    toda la noche
se despidieran con los cuerpos abrazados

Tenía que ver el viento quebrantahuesos
la soledad más infinita asentada entre los cerros
aquel palo seco quebrado allá en el bosque
para saber que esa era la última noche,
la que antecedió al veneno.

La isla de los muertos - Manuel Mauricio Zuñiga


sábado, 11 de enero de 2014

La fuga de los cisnes

Reina en el lago de los misterios tristeza suma:
los bellos cisnes de cuello negro de terciopelo,
y de plumaje de seda blanca como la espuma,
se han ido lejos porque del hombre tiene recelo.

Aún no hace mucho que sus bandadas eran risueños
copos de nieve, que se mecían con suavidad
sobre las ondas, blancos y hermosos como los sueños
con que se puebla de los amores de la bella edad.

Eran del lago la nota alegre, la nota clara,
que al panorama prestaba vida y animación;
ya fuera un grupo que en la ribera se acurrucara,
ya una pareja de enamorados en un rincón.

¡Cómo era bello cuando jugaban en la laguna
batiendo alas en los ardientes días de sol!
¡Cómo era hermoso cuando vertía la clara luna
sobre los cisnes adormecidos su resplandor!

El lago amaban donde vivían como señores
los nobles cisnes de regias alas; pero al sentir
como implacables los perseguían los cazadores,
buscaron tristes donde ignorados ir a vivir.

Y poco a poco se han alejado de los parajes
del Budi hermoso, que ellos servían a decorar,
yéndose en busca de solitarios lagos salvajes
donde sus nidos, sin sobresaltos, poder salvar.

Mas, desde entonces fue su destino, destino aciago
ser el objeto de encarnizada persecución:
vióseles siempre de un lado a otro cruzar el lago,
huyendo tímidos de la presencia del cazador.

Y al fin, cansados los pobres cisnes de andar huyendo,
se reunieron en una triste tarde otoñal,
en la ensenada, donde solían dormirse oyendo
la cantinela de los suspiros del totoral.

Y allí acordaron, que era prudente tender el vuelo
hacia los sitios desconocidos del invasor;
yendo muy lejos, tal vez hallaran bajo otro cielo
lagos ocultos en un misterio más protector.

¡Y la bandada gimió de pena, sintiendo acaso
tantos amores, tantos recuerdos dejar en pos!
¡Batieron alas; vibró en el aire el frú-frú de raso
que parecía que era un sollozo de triste adiós!

Reina en el lago de los secretos tristeza suma,
porque hoy no vienen sobre sus linfas a retozar,
como otras veces, los nobles cisnes de blanca pluma
nota risueña que ya no alegra su soledad.

Si por ventura, suelen algunos cisnes ausentes,
volver enfermos de la nostalgia, por contemplar
el lago amado de aguas tranquilas y transparentes,
lo hallan tan triste que, alzando el vuelo, no tornan más.