martes, 21 de octubre de 2014

la siesta

Si alguien me preguntara cuando un día
llegue al confín secreto: ¿Qué es la tierra?
diría que un lugar en que hace frío
en el que el fuerte oprime, el débil llora,
y en el que como sombra, la injusticia,
va con su capa abierta recogiendo
el óbolo del rico y la tragedia
del desahuciado: un sitio abrupto.
Pero también diría que otras veces,
en claras situaciones alternantes,
cuando llega el estío y los países
parecen dispensar la somnolencia
de un no saber por qué se está cansado,
mientras vibra en lo alto, alucinante,
un cielo azul, los frutos se suceden
sobre las mesas blancas, y entornados
los ventanales, frescos de penumbra,
buscamos un rincón donde rendirnos
al dulce peso, entonces sí, diría
que la tierra es un bien irreemplazable,
un fluido feliz, un toque absorto.
Como una tentación sin precedentes
hecha a la vez de ardor y de renuncia.
Una inmersión gustosa, un filtro lento.



sábado, 18 de octubre de 2014

think of others

As you prepare your breakfast, think of others.
Don’t forget to feed the pigeons.
As you conduct your wars, think of others.
Don’t forget those who want peace.
As you pay your water bill, think of others.
Think of those who only have clouds to drink from.
As you go home, your own home, think of others
don’t forget those who live in tents.
As you sleep and count the planets, think of others
there are people who have no place to sleep.
As you liberate yourself with metaphors think of others
those who have lost their right to speak.
And as you think of distant others
think of yourself and say
“I wish I were a candle in the darkness.”



domingo, 5 de octubre de 2014

Idilio muerto


Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita
de junco y capulí;
ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita
la sangre, como flojo cognac, dentro de mí.

Dónde estarán sus manos que en actitud contrita
planchaban en las tardes blancuras por venir;
ahora, en esta lluvia que me quita
las ganas de vivir.

Qué será de su falda de franela; de sus
afanes; de su andar;
de su sabor a cañas de mayo del lugar.

Ha de estarse a la puerta mirando algún celaje,
y al fin dirá temblando: «Qué frío hay... Jesús!»
y llorará en las tejas un pájaro salvaje.