martes, 27 de octubre de 2015

Vallejo: Trilce XXVII

It scares me, Sweet Lord, this brutal jet
of sweetness, it scares
me. This house gives me a perfect
wholeness, a perfect sense of knowing
where not to be.

Let us not go in. It scares me, this
minute by minute retracing
of my steps, over destroyed bridges.
Sweet Lord, I can't
continue. Brave sad skeleton singer.

It's what's inside the haunted house, the deadly
quicksilver, that seals
my veins with lead
in the arid afternoon.

The jet doesn't know how we
can go on. It terrifies me. Valor but
a memory, I do not continue. 

Sad ruby red skeleton, just whistle, just whistle.
 
English version: Tom Clark
 

jueves, 15 de octubre de 2015

la piedra apurada


yo beso la piedra
y la lanzo lejos hacia adelante

mi corazón la sigue ladrando
por todas las montañas

encuentra la piedra
la muerde y trae de vuelta

la escupe frente a mis pies
ahora ella me quiere besar


lunes, 12 de octubre de 2015

toqui Caupolicán

En la cepa secreta del raulí
creció Caupolicán, torso y tormenta,
y cuando hacia las armas invasoras
su pueblo dirigió,
anduvo el árbol,
anduvo el árbol duro de la patria.
Los invasores vieron el follaje
moverse en medio de la bruma verde,
las gruesas ramas y la vestidura
de innumerables hojas y amenazas,
el tronco terrenal hacerse pueblo,
las raíces salir del territorio.
Supieron que la hora había acudido
al reloj de la vida y de la muerte.
Otros árboles con él vinieron.
Toda la raza de ramajes rojos,
todas las trenzas del dolor silvestre,
todo el nudo del odio en la madera.
Caupolicán, su máscara de lianas
levanta frente al invasor perdido:
no es la pintada pluma emperadora,
no es el trono de plantas olorosas,
 no es el resplandeciente collar del sacerdote,
no es el guante ni el príncipe dorado:
es un rostro del bosque,
un mascarón de acacias arrasadas,
una figura rota por la lluvia,
una cabeza con enredaderas.
De Caupolicán el Toqui es la mirada
hundida, de universo montañoso,
los ojos implacables de la tierra,
y las mejillas del titán son muros
escalados por rayos y raíces.

lunes, 5 de octubre de 2015

nueva oración por el ebanista

Tú, que ibas con tu padre carpintero
a la altura, Señor, a cortar abedules
y hacías con tus ojos
parpadear los mil ojos diminutos del hacha
y con tus tiernas manos llorar a las cortezas,
ten piedad por este hombre que hizo plana su vida
como una mesa humilde de madera olorosa.

No conoció del mundo
más que su casa, pobre barco en tierra,
y dio a su corazón la actitud de una silla
en espera de todos los cansancios.

Guía, Señor, sus pies por los bosques del cielo
y hazle encontrar sus muebles de madera
más adictos que perros que no enseñan los dientes
y olfatean los seres de la noche.
En tu celeste fábrica dale para sus manos
la garlopa del tiempo
y virtudes de nubes con aserrín de estrellas.